Sección: Temas de salud

Probióticos (Parte 3):¿Cuándo y cómo tomar probióticos?

Siempre que hay una diarrea fuerte se pierde flora. Por lo tanto después de padecer una es recomendable tomar probióticos.

Cuando tomamos antibióticos, también afectan a la flora, que después de todo son bacterias. Normalmente se recomienda esperar hasta haber finalizado el tratamiento para empezar a tomar probióticos, pero si tenéis que estar más de dos semanas tomando antibióticos yo os recomendaría tomarlos a la vez, aunque gran parte de ellos morirán por culpa del fármaco.

Por otro lado, si tenéis algunos de estos síntomas es posible un desequilibrio en la flora lo esté provocando o agravando y que suplementaros con probióticos pueda ayudar:

  • Gases
  • Estreñimiento
  • Alergias
  • Bajo sistema inmunitario (susceptibilidad a las infecciones)
  • Trastornos de la piel (Acné, eccema, psorioasis)
  • Enfermedades inflamatorias del intestino no ulcerosas: Crohn, Síndrome del intestino irritable, etc…
  • Exceso de colesterol (hipercolesterolemia)
  • Infecciones urinarias
  • Candidiasis vaginal
  • Lo bueno de los probióticos es que apenas tienen contraindicaciones. Las únicas advertencias que se hacen son las siguientes:

    * No prolongar la toma durante más de un mes, sin la supervisión de un profesional. Aportar insistentemente las bacterias desde fuera, sobretodo en intestinos jóvenes que todavía no han desarrollado un ecosistema estable, puede favorecer que éste sea incapaz de regularse él sólo. En la medida de lo posible, se debe dejar que la flora aprenda a encontrar sola su equilibrio. En menores de 14 años, pues, dejad que sea un profesional el que decida cuándo usar probióticos. Y en mayores de 14 años, sin los tomáis sin supervisión de un profesional, hacedlo sólo cuando se sospeche necesario, sin prolongar el tratamiento más de un mes y no más de 4 veces al año. Esta advertencia se aplica a los suplementos y a los alimentos enriquecidos (como el Actimel), no a los alimentos fermentados.
    * Las personas que tienen una intolerancia muy, muy severa a la lactosa, deben buscar probióticos que no se hayan cultivado en una base láctea. En el caso de los alimentos, se deben evitar los yogures, quesos y kefir. En el caso de los suplementos, se deben buscar los que hayan cultivado las bacterias en medios no lácticos (la marca Nature’s Plus, por ejemplo, tiene uno)

    Para profundizar sobre el tema, os recomiendo este artículo:
    Peña A. S.. Flora intestinal, probióticos, prebióticos, simbióticos y alimentos novedosos. Rev. esp. enferm. dig. [periódico en la Internet]. 2007 Nov [citado 2009 Feb 15]; 99(11): 653-658.

Probióticos (Parte 2):¿De dónde se obtienen?

Al nacer, nuestro intestino no tiene flora y el primer contacto con ella lo obtenemos de nuestra madre, de su flora vaginal (por eso se observan a menudo trastornos de la flora en los bebés de cesárea) y posteriormente de la leche materna. Durante la vida adulta, los alimentos nos proporcionan un pequeño aporte constante de probióticos pero la flora intestinal es un ecosistema y eso quiere decir que, en principio, ella misma se genera y se regula. Por lo tanto, la principal fuente de flora es la propia flora, que por algo son organismos vivos, capaces de reproducirse.

No obstante, nuestra alimentación desnaturalizada y el abuso que hacemos de los fármacos antibióticos perjudican ese delicado equilibrio. En estos casos pude ser necesario aportar una cantidad extra de bacterias para repoblar o reequilibrar ese ecosistema.

Los probióticos pueden obtenerse de los alimentos fermentados o en forma de suplementos alimenticios (cápsulas o polvos).

* Los alimentos fermentados (yogur, queso, kefir, miso, chucrut, etc…) contienen una cantidad discreta de probióticos. Son las fuentes ideales para mantener la flora.

* Los suplementos alimenticios de probióticos contienen mucha cantidad de bacterias y, si son buenos, aseguran una alta supervivencia de las bacterias (los ácidos del estómago y la bilis destruyen la mayoría de las bacterias que comemos y si llegan muertas no sirven de nada) También son más caros. Se deben reservar para cuando hay un desequilibrio de la flora, para repoblarla tras un tratamiento con antibióticos o tras una diarrea. Durante la primera infancia y la adolescencia la flora es algo distinta, por lo que existen suplementos especiales para niños y adolescentes.

Probióticos (Parte 1): Qué son y qué hacen

Los probióticos se han convertido en los últimos tiempos en protagonistas habituales de los anuncios publicitarios de varios productos lácteos. Actimel, entre otras marcas, nos informa de que son nuestros amigos. ¿Pero qué sabemos en realidad de los probióticos? Vamos a hacer un resumen.

Qué son los probióticos

Como tal vez sabréis, en nuestro intestino viven millones de bacterias de muy diversos tipos, conformando lo que llamamos Flora intestinal. Algunas de estas bacterias (un porcentaje muy pequeño) nos pueden perjudicar. Otras, nos benefician y son lo que se llaman simbiontes (es decir, nosotros no podemos vivir sin ellas y ellas no pueden vivir sin nosotros, somos especies que dependemos unas de otras).
Estas bacterias beneficiosas son las que llamamos Probióticos. Las más conocidas son las de tipo Lactobacilo (L. acidophilus, L. casei, L. rhamnosus, L. bulgaricus, L. plantarum, L. helveticus, L. sporogens…) y las de tipo Bifidobacteria (B. bifidus, B. longum…), pero hay otras, como las Lactococus lactis, Streptococcus thermophilus o Saccharomyces boulardii.

Qué hacen los probióticos

Esas bacterias probióticas realizan diversas funciones en nuestro organismo:

* Colaboran en la digestión, sometiendo a los residuos alimentarios que llegan al intestino grueso sin digerir a diversos procesos químicos: fermentación para los hidratos de carbono (sobretodo fibras, y sobretodo en el colon derecho) y putrefacción para los residuos proteínicos (sobretodo elastina y colágeno y sobretodo en el colon izquierdo). De este modo, pueden absorberse sustancias nutritivas que de otro no serían accesibles.

* Mantienen la salud de la pared del intestino, que es la barrera entre el exterior y el interior, encargada de absorber lo que es bueno y no dejar entrar lo que puede ser perjudicial. El mecanismo exacto no se conoce, pero parece que durante la fermentación y la putrefacción se generan sustancias (ácidos grasos de cadena corta) que nutren la mucosa del intestino.

* Colaboran con el mantenimiento del sistema inmunitario. El intestino, como el pulmón, es una parte interna que está en contacto con el exterior (a través de lo que ingerimos, de la misma manera que el pulmón lo está a través de lo que respiramos) Por lo tanto, necesita de mucha vigilancia del sistema inmunitario, para defenderse de cualquier cosa que venga de fuera y pueda ser perjudicial. Se sabe que la flora intestinal está relacionada con el sistema inmunitario de muy diversas maneras y aunque no se han comprendido todos los mecanismos, está claro que un desequilibrio en la flora bacteriana se relaciona con una inmunidad deficiente.

* Mantienen a ralla las bacterias y microorganismos que nos perjudican, evitando que se reproduzcan excesivamente, por diversos medios: compitiendo con ellos por el alimento, atacándolos con ácido acético, láctico y fórmico y manteniendo el pH del intestino desagradablemente ácido para los gustos de esos microorganismos perjudiciales. De ahí se deduce que si tenemos la flora en mal estado no sólo dejamos de obtener la ayuda de las benéficas, sino que empezamos a sufrir el ataque de las perjudiciales.

Todavía hay mucho desconocimiento acerca del ecosistema que tenemos montado en el intestino, pero lo que sí está claro es que los desequilibrios en la flora intestinal perjudican la salud: alergias, infecciones, enfermedades intestinales, cáncer de colon, trastornos dermatológicos, etc…
Los probióticos ayudan a mantener un ecosistema bacteriano en buen estado.

Arándano rojo para las infecciones de orina

La infección de orina es una infección de las vías urinarias que hace que el enfermo tenga ganas de orinar muy a menudo y que le resulte doloroso.

La infección de orina es una dolencia bastante común, sobretodo entre las mujeres y a pesar de que no suele ser grave, puede resultar muy molesta y perjudicar la vida sexual de la mujer. Además, es bastante común que la curación de estas infecciones no sea completa, quedando un reducto infeccioso que provoca recaídas y que se vuelve más resistente con cada tratamiento antibiótico insuficiente. En estos casos, la infección se vuelve crónica. Si la infección llega al riñón puede ser muy peligrosa. Por eso es muy importante atajarla de raíz.

En la mayoría de los casos, la causa es una bacteria llamada Escherichia coli, que se halla en el intestino.

El arándano rojo es un buen remedio para las infecciones de orina y actúa a través de varios mecanismos, algunos de los cuales todavía no se han comprendido completamente.

arandano rojo

Por una parte, vuelve la orina más ácida y por lo tanto incómoda para las bacterias (gracias a la vitamina C y el ácido hipúrico).Por otro lado, sus taninos hidrolizables y la vitamina C mejoran el tejido de las vías urinarias haciéndolos más resistentes a los ataques bacterianos y ayudando a su cicatrización si están lesionados. Además, sus proantocianidinas tienen cierto efecto antibiótico. Por último, alguno de sus componentes (todavía se investiga cuál exactamente) tiene la capacidad de impedir que las bacterias se adhieran a las paredes de la vejiga y uretra, con lo cual son eliminadas fácilmente a trevés de la orina.

Además del antibiótico que recete el médico, el tratamiento debería complementarse con 400mg de extracto dos veces al día con abundante agua. Aquellos que tengan tendencia a padecer infecciones de orina deberían además, tomar medio vaso de zumo al día durante 5 días de vez en cuando, para mentener protegido y limpio el tracto urinario.

Otras cosas que puedéis hacer si tenéis a menudo infecciones de orina:

* No contener las ganas de orinar. A algunas mujeres les incomoda orinar fuera de casa. Al vaciar la vejiga, se arrastran las bacterias hacia el exterior. Cuanto más rato permancen las bacterias en el interior, mayores posibilidades tienen de reproducirse y adherirse.

* Limpiarse correctamente al ir de vientre. Algunas mujeres, tras evacuar, se limpian de atrás a delante (con la mano entre las piernas) Este hábito favorece el paso de las bacterias que se hallan en el intestino desde el ano hasta la vulva. Es recomendable limpiarse desde la espalda.

* Modificar la dieta. El abuso de carnes y la falta de fibra en la dieta, el estreñimiento, etc… pueden favorecer que haya más bacterias de las saludables en el intestino, siendo más fácil la infección. La carencia de frutas en la dieta, por otro lado, puede deteriorar las defensas frente a las infecciones.

* Beber suficiente agua. La falta de agua dificulta la desintoxicación y reduce el volumen de orina.

Foto obtenida de la Wikipedia

Las claves del colesterol (3ª Parte): La otra forma de ver las cosas

En anteriores artículos hemos visto qué es el colesterol, por qué constituye un riesgo y qué factores pueden influir en su grado de peligrosidad. Pero la pregunta que no se ha contestado satisfactoriamente es ¿por qué el organismo, a veces, persiste en mantener elevados los niveles de LDL-Colesterol “malo”?

Cuando a alguien se le diagnostica una hipercolesterolemia, lo primero que hace es suprimir las fuentes de colesterol de su dieta. No obstante, muy a menudo el resultado es que el hígado se pone a fabricar todo el colesterol que se ha dejado de consumir. El enfermo pasa entonces a tener el mismo exceso de colesterol, aunque ahora es colesterol endógeno.

Pero sigue en pie la pregunta ¿Por qué el organismo insiste en mantener ese desequilibrio que puede matarlo? ¿Por qué el hígado invierte el esfuerzo y las materias primas necesarias para producir unas cantidades de colesterol endógeno que a primera vista son perjudiciales para la salud? Puede que nuestro cuerpo esté tomando una “decisión errónea” al mantenerlos elevados, que el hígado esté fallando en una de sus funciones. Pero ¿y si nuestro organismo sabe perfectamente lo que está haciendo?

Algunos han propuesto que los niveles elevados de colesterol responden a una necesidad fisiológica real. Según este punto de vista, el problema no es que haya un exceso de colesterol, sino que ese colesterol se oxide, se deposite en las arterias y genere placas de ateroma.

El exceso de colesterol como protección vascular

Las arterias son unos conductos delicados. Con el paso del tiempo, pierden parte de su elasticidad y eso las hace más vulnerables a las roturas, como una manguera envejecida se puede agrietar.

Se ha propuesto la idea de que el exceso de colesterol es la respuesta del organismo a la degeneración natural de los vasos sanguíneos: el cuerpo estaría tratando de forrar, aislar y ablandar las paredes de los vasos untándolos con una capa de grasa. Imaginad un trozo de cuero: si se deja a la intemperie y con el paso del tiempo se volverá rígido y quebradizo. En cambio, si se engrasa y se trabaja, recuperará su elasticidad e impermeabilidad.

Según esta propuesta, el problema no sería entonces un nivel elevado de colesterol en sangre, sino la necesidad de ese exceso de colesterol y que ese colesterol se oxidase, se solidificase y que se depositase en forma de placas que van haciéndose cada vez más grandes y más duras (placas de ateroma).

Según esa teoría lo que habría que hacer no es bajar los niveles de colesterol, sino mantener ese exceso de colesterol en buen estado, protegido de la oxidación.

Cómo lograrlo es una pregunta que todavía no tiene una respuesta completa. Se sabe que ciertos nutrientes evitan la oxidación del colesterol y se sabe que el exceso de otras lo favorece. La estrategia en este sentido sería pues reducir los oxidantes y asegurar un correcto aporte de los antioxidantes.

Enfrentar el exceso de colesterol

Teniendo claro todo lo expuesto, podemos proponer un curso de acción distinto al habitual (medicarse con estatinas y suprimir las fuentes de colesterol de la dieta). Esta alternativa no busca reducir el colesterol sino protegerlo.

El modo en que puedéis proteger vuestro colesterol es controlando la dieta. No es una respuesta muy original, pero no por eso es menos válida.

* No abusar de las carnes, huevos y lácteos: reducirás las fuentes principales de colesterol exógeno, de grasas saturadas y de proteínas productoras de homocisteína.

* Comer pescado azul al menos 3 veces por semana: El pescado es muy rico en Omega 3, una grasa muy necesaria que, entre otras cosas, aumenta los niveles de HDL-Colesterol “bueno” (facilitando la renovación y movilización del LDL-Colesterol “malo”), regula los proceso inflamatorio (mejorando el estado de los vasos sanguíneos) y evita la formación de coágulos en la sangre (que son mucho más peligrosos si hay arteriosclerosis). El pescado azul (sardina, boquerón, caballa, palometa, caballa, chicharro, atún, bonito del norte, salmón, anguila, pez espada) es más rico en Omega 3 que el blanco. Además, es rico en vitaminas del grupo B, que son necesarias para evitar que la homocisteína se acumule. También es rico en vitamina E, que protege al colesterol de la oxidación.

* Hacer hincapié en los alimentos vegetales. Los alimentos vegetales deberían ser la principal fuente de calorías en la dieta: legumbres, cereales, semillas, verduras y frutas. A menudo, la gente dice que come suficiente verdura pero en realidad sólo la comen en una comida del día y a menudo son cocinadas de mala manera (fritas, rebozadas, etc…) o son verduras congeladas, que pierden gran parte de sus propiedades. Las legumbres no suelen consumirse cada día y casi siempre se comen estofadas (con jamón y chorizo y panceta). Los cereales suelen tomarse en formas procesadas (panes y harinas blancos, cereales de desayuno, arroz blanco y pastas hechas con harinas refinadas, etc…) y además solemos tener muy poca variedad (arroz y trigo, básicamente) a pesar de que hay muchísimos cereales (mijo, quinoa, avena, espelta, kamut, etc…). Respecto a las frutas, normalmente no comemos suficientes. En resumen: comer más alimentos vegetales, mejor cocinados, menos procesados y más variados es la mejor manera de proveernos de los antioxidantes que protegen el colesterol, de las vitaminas B6 y B9 necesarias para reducir la homocisteína (la B12 se debe obtener de fuentes animales) y de la Vitamina C y los flavonoides que mantienen flexibles las arterias, reduciendo así la necesidad de colesterol.

Además de mejorar la dieta, debemos proteger nuestro hígado para asegurar que el metabolismo del colesterol sea correcto. Evitar el alcohol y el abuso de medicamentos, grasas y drogas es la mejor manera de proteger el hígado.

La dieta es el modo más sano, barato, responsable y beneficioso de controlar vuestra salud. No obstante, existen susplementos nutricionales que pueden ayudar a potenciar el proceso si no basta con la alimentación. Consulta con un naturópata si es necesario.

El gran error de la “dieta” de savia de arce

La a veces mal llamada, “dieta” de la savia de arce es un tema que me escama especialmente. Esta potente herramienta depurativa se utiliza y publicita como un método para perder peso. Esta concepción es peligrosa.

perder-pesoEn teoría, es un semiayuno para depurar el organismo de toxinas. Por una parte, al no consumir alimentos sólidos, el cuerpo puede invertir gran parte de su atención en funciones de limpieza. Por otro lado, al aportar menos calorías de las necesarias, el cuerpo se ve obligado a utilizar las grasas. Como en las grasas se acumulan también gran parte de nuestras toxinas, éstas son a la vez movilizadas y, con suerte, expulsadas.

La pérdida de peso es un efecto secundario debido, en parte a que se eliminan grasas y también porque se eliminan líquidos y gases retenidos. No obstante, como dieta de adelgazamiento no son buena idea. Vemos por qué.

En primer lugar, los ayunos y semiayunos, como cualquier dieta hipocalórica, promueven el efecto yoyó. Si nuestra alimentación habitual no es correcta, recuperaremos el peso y aumentaremos nuestra tendencia al sobrepeso. No obstante, aunque a grandes rasgos es conocido que se trata de una dieta depurativa, cada vez que empieza el verano o acaban las navidades, me encuentro con mujeres que, a pesar de tener una alimentación descuidada y altamente tóxica, de repente tienen un gran interés en depurarse. Una vez se han depurado (de los 6 kilitos que les sobran) empiezan el verano con bikini nuevo, cervecitas, helados y etcétera. Estas personas no están haciéndose un favor.

De todos modos, incluso como método depurativo, he de deciros que a mí no me acaba de convencer. El sirope de savia de arce que se vende con este fin (que en realidad es una mezcla de siropes de arce y palma) tiene un índice glicémico elevado, de 57, lo cual supone un desarreglo insulínico (este dato lo he obtenido de Sirop Vital y es el único de los muchos distribuidores a quieres he preguntado que me lo ha facilitado). Este tipo de alteración hormonal es común en la mayoría de comidas que hacemos, ya que es muy habitual la carencia de fibra, pero elegir un sistema depurativo que también falla en eso es una lástima.

Y de todos modos, debéis ir con cuidado con los ayunos. Como decía no recuerdo quién, el ayuno es la cirugía de la medicina natural, un recurso agresivo que se ha de utilizar con cuidado. Pensad que la potentísima efectividad de un ayuno como método depurativo viene de la gran cantidad de toxinas que pueden movilizarse en tan poco tiempo. Pero esa cantidad elevada de toxinas es también un riesgo. Para sobrellevar la carga tóxica que se moviliza es necesario que nuestro organismo (hígado, riñón, sistema linfático, etc…) esté en buena forma y capacitado para gestionarla. A nivel energético, también es necesario que estemos suficientemente fuertes para soportar el régimen calórico.

Sé que es muy tentadora la idea de perder hasta 8Kg  en poco tiempo, pero es “pan para hoy y hambre para mañana”. Debemos desterrar la idea de que la dieta de savia de arce sirve para perder peso y tenerle el debido respeto y precaución como método depurativo.

El miso, un “avecrem” sano

El miso es un condimento japonés cuyo nombre quiere decir “fuente de sabor”. Se utiliza para hacer más sabrosos muchos de los platos de la cocina tradicional japonesa y para preparar caldos. En cierto modo, se utiliza como nuestras pastillas de caldo pero en vez de ser un concentrado de desechos de la industria alimentaria y sustancias químicas, el miso natural se elabora a partir de soja fermentada y cereales y tiene propiedades medicinales. Las bacterias utilizadas para la fermentación favorecen la digestión por lo que los platos cocinados con miso son más digestivos. Los fermentos también favorecen la salud del intestino, mejorando la absorción de nutrientes. Los mismos microorganismos aportan al miso Vitamina B12, por eso es un alimento muy interesante para los vegetarianos estrictos, que pueden tener problemas para obtenerla (el tipo de B12 que se encuentra en los vegetales no es tan funcional) Por otro lado, el miso contiene una sustancia, el Zybicolin, que es capaz de absorber y eliminar elementos radioactivos. Es desintoxicante también a otros niveles (se recomienda su consumo a los fumadores y habitantes de ciudades contaminadas, y alcaliniza el organismo, que con las dietas industrializadas suele estar acidificado) No contiene colesterol pero sí sal, así que cuidado los hipertensos.
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Todas las propiedades de la soja están también presentes en el miso: los fitoestrógenos que regulan la salud hormonal de la mujer y previenen la osteoporosis, la lecitina que estimula el cerebro y regula el colesterol y su gran cantidad de proteínas altamente asimilables.

Aunque todos los misos se elaboran con soja, se distinguen diversas variedades en función del tiempo de fermentación y los cereales que se añadan a la soja:

- Kome (o Shiro) Miso: se fermentan soja y arroz blanco siendo éste último el que . Es el más líquido. Tiene un sabor más dulce y es más adecuado para consumir en los meses cálidos.

- Shiro Miso: se fermenta con soja y arroz como el Kome pero éste contiene mayoritariamente arroz. Fermenta muy rápidamente, dos semanas. Tiene el sabor más dulce.

- Genmai Miso: se fermentan soja y arroz integral fermentado durante un año y medio en barriles de cedro.  Es de sabor más fuerte.

- Mugi Miso: se fermentan soja y cebada durante uno o dos años. Es el segundo en cantidad de proteínas y el de sabor más suave.

- Natto Miso: con soja y cebada, como el Mugi, pero con una fermentación más corta (uno a tres meses) y al que se añade alga kombu, jengibre, sirope de cebada y sal marina.

- Hatcho Miso: sólo se fermenta la soja, sin añadir otros cereales durante tres años en bariles de cedro cubierto de piedras. Es el más concentrado (el que tiene menos agua e hidratos de carbono) y por lo tanto el que tiene mayor cantidad de proteínas, grasas y minerales (sobretodo calcio, fósforo y hierro) Es también el que tiene menos sal. Ideal para los meses fríos y para la gente que se siente debilitada, es friolera, etc…

También existen misos de mala calidad, fermentados durante poco tiempo con calor para acelerar el proceso y protegidos por conservantes. Os aconsejo buscar misos naturales, elaborados con soja y cereales de cultivo biológico y no transgénicos. Luz de Vida (BioSpirit)  o Finestra Sul Cielo por ejemplo, comercializa misos con estas características.

El miso se presenta como una pasta espesa. Se añade a los cados y estofados al final de la cocción, ya que no conviene cocerlo (el calor destruye los microorganismos). Se conserva muy bien y durante mucho tiempo, ya que es rico en sal.

La copa menstrual, una alternativa ecológica y sana a los tampones

A pesar de que hace ya años que oí hablar de ello por primera vez, hoy en día todavía no se conoce demasiado esta alternativa a los métodos de control de la menstruación. La copa menstrual es un recipiente de silicona que se introduce doblado en la vagina. Una vez dentro, recupera su forma ciñéndose a la pared vaginal, recogiendo en su interior el flujo. Se puede dejar dentro hasta 12 horas ya que no es tóxica y tiene una gran capacidad de almacenamiento. A la hora de vaciarla, se retira y se vacía en el inodoro, se limpia con agua (o con papel, si no es posible con agua) y se vuelve a introducir. Una vez finalizado el ciclo, se esteriliza hirviéndolo o limpiándolo en el lavaplatos y se guarda para el siguiente.

mooncoup
Sé que esto no os debe de haber aclarado mucho, así que echadle un ojo a este vídeo.

Las ventajas son las siguientes:

  • Más barato: unque vale unos 30€, tiene una vida de entre 5 y 10 años, lo cual supone un ahorro económico tremendo.
  • Más ecológico: aunque la silicona no es biodegradable ni reciclable, la copa requiere muchos menos recursos y productos químicos de los que serían necesarios para la producción, almacenamiento, venta y procesado de residuos del  equivalente de tampones o compresas que usaríamos en el mismo período de tiempo.
  • Mas sano: Los tampones resecan el interior de la vagina haciéndola más vulnerable a las infecciones (candidiasis, vaginitis, etc…) y además pueden provocar intoxicaciones (Síndrome del Shock Tóxico). Las compresas irritan y mantienen demasiado húmeda la vulva, favoreciendo también las infecciones.  Ambos productos, a no ser que sean ecológicos, contienen productos químicos (como el cloro) que tienen efectos negativos. La copa menstrual es de silicona estéril que no permite la proliferación de infecciones en ella misma. Además, como no altera las condiciones naturales del interior y el exterior de la vaginal y carece de productos químicos (anticoagulantes, blanqueadores, etc…) es mucho más segura para la salud.
  • Más higiénico: sé que a primera vista puede atacaros los escrúpulos la idea, pero os invito a pensar en los aspectos menos agradables de los tampones y las compresas, esos en los que no pensamos por estar ya acostumbradas,  y a daros cuenta de que en realidad es sólo una cuestión de hábitos.

Por lo que he visto,  hay muchas marcas, pero las que parecen más fáciles de comprar en España son DivaCup y Mooncup, aunque no se encuentran tampoco en cada esquina. He oído que en algunos herbolarios y farmacias se puede encontrar, pero si no, he encontrado un par de tiendas on-line de España:

Para comprar MoonCup (29.95€ + gastos de envío):
Para comprar DivaCup (30€ + gastos de envío):

Y para las que queráis saber la opinión de otros usuarios y los argumentos que esgrimen, podéis echar un vistazo en estos enlaces:

  • Opiniones en www.nopuedocreer.com: Ver
  • Opiniones en www.crianzanatural.com: Ver 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8 y 9
  • Opiniones en www.forovegetariano.org: Ver

Las claves del colesterol (2ª Parte): Valorar qué riesgo supone el colesterol

En la anterior entrega vimos las nociones más básicas sobre el tema del colesterol. En este artículo veremos que, para valorar si el colesterol es o no un riesgo para la salud, no basta ni mucho menos saber si los valores están por encima de los recomendados. El colesterol es un riesgo si produce placas de ateroma pero un exceso de colesterol no es equivalente a tener arteriosclerosis.

Índice de Castelli

Un factor importante a la hora de valorar el riesgo del colesterol son los niveles de Colesterol “bueno” o, más concretamente, la proporción que haya entre HDL-Colesterol “bueno” y el Colesterol total. Es decir, para valorar hasta qué punto hay un problema con el colesterol no habría que mirar simplemente los números de colesterol “malo” sino la relación entre “malo” y “bueno”.

La relación entre Colesterol total y HDL-Colesterol “bueno” se llama índice de Castelli o índice aterogénico y se calcula con esta sencilla fórmula:

Índice de Castelli: Colesterol Total / HDL

En función del resultado de este cálculo se puede valorar el riesgo cardiovascular:

Relación entre IC y riesgo cardiovascular
Valor IC para hombres Valor IC para mujeres Riesgo cardiovascular
Menor de 3′5
Menor de 3′4
Mitad de riesgo
3′5 a 5
3′4 a 4′5
Riesgo normal
5′1 a 9′6
4′5 a 7′1
Doble de riesgo
9′7 a 24
7′2 a 11
Triple de riesgo

Veamos dos ejemplos:

José de 50 años tiene un colesterol total de 270mg (por encima de lo normal) y un colesterol HDL de 80. Si dividimos 270/80 nos da un índice de Castelli de 3,4.

Pedro de 50 años tiene un Colesterol Total de 130 (dentro de lo normal) y un colesterol HDL de 25. Si dividimos 140/25 nos da un índice de Castelli de 5,6.

Si consultamos la tabla, veremos que José, a pesar de tener un exceso de colesterol, tiene la mitad de riesgo cardiovascular de lo normal mientras que Pedro, que en cambio no tiene un exceso de colesterol, tiene el doble de riesgo cardiovascular de lo normal.

Por supuesto, esto es sólo un aspecto y no puede tomarse como una guía infalible para valorar el riesgo, pero sirve como orientación y para desterrar ideas absolutistas acerca de este tema.

Si comprendemos esto, comprenderemos también hasta qué punto es importante mantener los niveles de HDL elevados.

La homocisteína

La homocisteína es un aminoácido (las moléculas que forman las proteínas). En nuestro cuerpo, es normal tener cierta cantidad de homocisteína, ya que es necesaria. No obstante, unos niveles anormalmente elevados de este aminoácido pueden ser muy peligrosos. Hay un trastorno genético, llamado homocistinuria que provoca altos niveles de homocisteína. Un bebé de dos meses aquejado de este trastorno padece también de arteriosclerosis, un endurecimiento de las arterias que se suele asociar a fumadores obesos de más de 50 años. Esto puede dar una idea de hasta qué punto la homocisteína puede influir en la aparición de la arterioesclerosis, más que el simple hecho de tener un exceso de colesterol.

La mala noticia es que no hace falta padecer ese raro trastorno genético para tener exceso de homocisteína. Veréis por qué: La homocisteína no la obtenemos de la dieta sino que nuestro cuerpo la fabrica a partir de otro aminoácido, la metionina. Como no interesa que se acumule, una vez que ha cumplido su misión se deshace de ella. ¿Cómo lo hace? Pues volviéndola a transformar en metionina (para lo cual es necesario Vitamina B12 y ácido fólico) o bien transformándola en cisteína (para lo cual se necesita Vitamina B6) Pero si no hay suficientes vitaminas o si ya hay demasiada Cisteína y Metionina, entonces el organismo no podrá deshacerse de ese exceso de homocisteína. Es entonces cuando tenemos un problema.

esquema-homocisteinaok

Sabiendo esto, podemos deducir un par de cosas acerca cómo evitar el exceso de homocisteína: Debemos asegurar un aporte correcto de Vitaminas del grupo B y evitar un exceso de Metionina y Cisteína. En realidad, es bastante difícil tener una dieta demasiado rica en Cisteína, pero la Metionina ya es harina de otro costal. Las proteínas animales de las carnes, las aves de corral y de los productos lácteos contienen hasta tres veces más metionina que las proteínas de las plantas, por lo que generan mucha más homocisteína.

Para profundizar:
www.bvs.sld.cu

Las claves del colesterol (1ª Parte): Conceptos básicos

El exceso de colesterol es un problema grave y común, sobretodo a partir de cierta edad. Hay mucha cultura popular en torno a esta sustancia pero lamentablemente a menudo la idea que se tiene es inexacta. Ideas como “El colesterol es malo”, “Comer huevo provoca colesterol” o “Yo estoy muy bien porque tengo el colesterol muy bajo” son ejemplos de inexactitudes que dificultan comprender el problema y solucionarlo.

Este artículo pretende hablar de una teoría que propone soluciones distintas a las habituales. Para que esta teoría sea comprensible hay algunas cosas más que debéis saber sobre el colesterol. Vamos pues a explicarlas.

Funciones y disfunciones del colesterol

El colesterol se ha convertido en el gran lobo malo de la salud cardiovascular, pero lo cierto es que esta grasa  es imprescindible para el organismo: forma parte de las membranas celulares, es precursor de varias hormonas (cortisol, aldosterona y las hormonas sexuales: progesterona, estrógenos y testosterona) y de la Vitamina D, forma parte también de la bilis, que es imprescindible para tener buenas digestiones.

Por supuesto, también es verdad que el colesterol puede ser un problema. El gran problema con el colesterol es todavía, en gran parte, un misterio pero por ahora, con los conocimientos que se tienen, se puede suponer que la cuestión es la siguiente: cuando hay un exceso de colesterol, la parte sobrante no se utiliza, se oxida, se acumula y forma grumos que se adhieren a las paredes de los vasos sanguíneos y los obstruyen (placas de ateroma).

La obstrucción de las arterias hace por un lado que la circulación sanguínea se vea dificultada y, por el otro, esas placas de grasa solidificada pueden desprenderse de la pared de los vasos, ponerse a circular por el sistema sanguíneo y atascarse en algún lugar provocando una embolia. Por todo esto, el colesterol puede ser un factor de riesgo cardiovascular.

Además, cuando hay un exceso de colesterol el cuerpo trata de eliminarlo a través de la bilis. Cuando en la bilis hay demasiado colesterol, pueden formarse piedras biliares.

Las fuentes del colesterol

El colesterol se obtiene en parte de la dieta, al consumir alimentos que son ricos en esta grasa, como el huevo. Pero también se forma dentro de nuestro organismo: el hígado puede sintetizarlo a partir de otros compuestos. Por eso puede suceder que alguien con una dieta pobre en colesterol lo tenga igualmente elevado. O, viceversa, que alguien con una dieta rica en colesterol no lo tenga anormalmente elevado (de hecho, se ha provado que personas sanas que comen varios huevos al día durante meses pueden no ver sus niveles elevados)

El colesterol que obtenemos de la dieta se llama Colesterol Exógeno y el que fabrica nuestro cuerpo se llama Colesterol Endógeno.

Por otro lado, el colesterol se elimina a través de la bilis: la bilis se mezcla con los alimentos a medio digerir en el intestino delgado y los acompaña a través del intestino delgado y el grueso durante todo el proceso digestivo. Una parte es eliminado con las heces, pero otra porción es reabsorbido.

Dos caras de una misma moneda: Colesterol “bueno” y “malo”

El colesterol, por ser una grasa que no puede disolverse en agua, no suele circular libre por la sangre (que es en gran parte agua), sino que lo hace principalmente metido dentro de dos transportadores llamados lipoproteínas, que son la LDL y la HDL. Por eso se habla de distintos tipos de colesterol:

* Colesterol “bueno” o HDL-Colesterol (colesterol transportado por la lipoproteína HDL)

* El “malo” o LDL-Colesterol (colesterol transportado por la lipoproteína LDL).

No es que ambos colesteroles sean distintos, el colesterol es lo mismo siempre, lo que los diferencia es quién los transporta y por lo tanto la función que realizan:

* La lipoproteína HDL es la encargada de recoger el exceso de colesterol y llevarlo a evacuar.

* La lipoproteína LDL es la encargada de recoger el colesterol nuevo (fabricado por el cuerpo o ingerido en la dieta) y llevarlo a los tejidos para que las células lo utilicen. El problema es que, si hay un exceso de colesterol, las células ya estarán servidas y no aceptarán más y ese LDL-Colesterol se quedará por ahí, circulando, y el colesterol inútil corre el riesgo de oxidarse y convertirse en placas de ateroma.

En realidad, llamar a una forma mala y a otra buena es una simplificación que puede inducir a error, pero si se ha comprendido lo dicho anteriormente podemos transigir y seguir utilizando la metáfora.

Estos son los conceptos básicos que se han de conocer acerca del colesterol. En posteriores artículos saber estas cosas nos ayudará a comprender mejor de qué manera se ha de tratar un exceso de colesterol.