Las claves del colesterol (3ª Parte): La otra forma de ver las cosas
En anteriores artículos hemos visto qué es el colesterol, por qué constituye un riesgo y qué factores pueden influir en su grado de peligrosidad. Pero la pregunta que no se ha contestado satisfactoriamente es ¿por qué el organismo, a veces, persiste en mantener elevados los niveles de LDL-Colesterol “malo”?
Cuando a alguien se le diagnostica una hipercolesterolemia, lo primero que hace es suprimir las fuentes de colesterol de su dieta. No obstante, muy a menudo el resultado es que el hígado se pone a fabricar todo el colesterol que se ha dejado de consumir. El enfermo pasa entonces a tener el mismo exceso de colesterol, aunque ahora es colesterol endógeno.
Pero sigue en pie la pregunta ¿Por qué el organismo insiste en mantener ese desequilibrio que puede matarlo? ¿Por qué el hígado invierte el esfuerzo y las materias primas necesarias para producir unas cantidades de colesterol endógeno que a primera vista son perjudiciales para la salud? Puede que nuestro cuerpo esté tomando una “decisión errónea” al mantenerlos elevados, que el hígado esté fallando en una de sus funciones. Pero ¿y si nuestro organismo sabe perfectamente lo que está haciendo?
Algunos han propuesto que los niveles elevados de colesterol responden a una necesidad fisiológica real. Según este punto de vista, el problema no es que haya un exceso de colesterol, sino que ese colesterol se oxide, se deposite en las arterias y genere placas de ateroma.
El exceso de colesterol como protección vascular
Las arterias son unos conductos delicados. Con el paso del tiempo, pierden parte de su elasticidad y eso las hace más vulnerables a las roturas, como una manguera envejecida se puede agrietar.
Se ha propuesto la idea de que el exceso de colesterol es la respuesta del organismo a la degeneración natural de los vasos sanguíneos: el cuerpo estaría tratando de forrar, aislar y ablandar las paredes de los vasos untándolos con una capa de grasa. Imaginad un trozo de cuero: si se deja a la intemperie y con el paso del tiempo se volverá rígido y quebradizo. En cambio, si se engrasa y se trabaja, recuperará su elasticidad e impermeabilidad.
Según esta propuesta, el problema no sería entonces un nivel elevado de colesterol en sangre, sino la necesidad de ese exceso de colesterol y que ese colesterol se oxidase, se solidificase y que se depositase en forma de placas que van haciéndose cada vez más grandes y más duras (placas de ateroma).
Según esa teoría lo que habría que hacer no es bajar los niveles de colesterol, sino mantener ese exceso de colesterol en buen estado, protegido de la oxidación.
Cómo lograrlo es una pregunta que todavía no tiene una respuesta completa. Se sabe que ciertos nutrientes evitan la oxidación del colesterol y se sabe que el exceso de otras lo favorece. La estrategia en este sentido sería pues reducir los oxidantes y asegurar un correcto aporte de los antioxidantes.
Enfrentar el exceso de colesterol
Teniendo claro todo lo expuesto, podemos proponer un curso de acción distinto al habitual (medicarse con estatinas y suprimir las fuentes de colesterol de la dieta). Esta alternativa no busca reducir el colesterol sino protegerlo.
El modo en que puedéis proteger vuestro colesterol es controlando la dieta. No es una respuesta muy original, pero no por eso es menos válida.
* No abusar de las carnes, huevos y lácteos: reducirás las fuentes principales de colesterol exógeno, de grasas saturadas y de proteínas productoras de homocisteína.
* Comer pescado azul al menos 3 veces por semana: El pescado es muy rico en Omega 3, una grasa muy necesaria que, entre otras cosas, aumenta los niveles de HDL-Colesterol “bueno” (facilitando la renovación y movilización del LDL-Colesterol “malo”), regula los proceso inflamatorio (mejorando el estado de los vasos sanguíneos) y evita la formación de coágulos en la sangre (que son mucho más peligrosos si hay arteriosclerosis). El pescado azul (sardina, boquerón, caballa, palometa, caballa, chicharro, atún, bonito del norte, salmón, anguila, pez espada) es más rico en Omega 3 que el blanco. Además, es rico en vitaminas del grupo B, que son necesarias para evitar que la homocisteína se acumule. También es rico en vitamina E, que protege al colesterol de la oxidación.
* Hacer hincapié en los alimentos vegetales. Los alimentos vegetales deberían ser la principal fuente de calorías en la dieta: legumbres, cereales, semillas, verduras y frutas. A menudo, la gente dice que come suficiente verdura pero en realidad sólo la comen en una comida del día y a menudo son cocinadas de mala manera (fritas, rebozadas, etc…) o son verduras congeladas, que pierden gran parte de sus propiedades. Las legumbres no suelen consumirse cada día y casi siempre se comen estofadas (con jamón y chorizo y panceta). Los cereales suelen tomarse en formas procesadas (panes y harinas blancos, cereales de desayuno, arroz blanco y pastas hechas con harinas refinadas, etc…) y además solemos tener muy poca variedad (arroz y trigo, básicamente) a pesar de que hay muchísimos cereales (mijo, quinoa, avena, espelta, kamut, etc…). Respecto a las frutas, normalmente no comemos suficientes. En resumen: comer más alimentos vegetales, mejor cocinados, menos procesados y más variados es la mejor manera de proveernos de los antioxidantes que protegen el colesterol, de las vitaminas B6 y B9 necesarias para reducir la homocisteína (la B12 se debe obtener de fuentes animales) y de la Vitamina C y los flavonoides que mantienen flexibles las arterias, reduciendo así la necesidad de colesterol.
Además de mejorar la dieta, debemos proteger nuestro hígado para asegurar que el metabolismo del colesterol sea correcto. Evitar el alcohol y el abuso de medicamentos, grasas y drogas es la mejor manera de proteger el hígado.
La dieta es el modo más sano, barato, responsable y beneficioso de controlar vuestra salud. No obstante, existen susplementos nutricionales que pueden ayudar a potenciar el proceso si no basta con la alimentación. Consulta con un naturópata si es necesario.
Las claves del colesterol (2ª Parte): Valorar qué riesgo supone el colesterol
En la anterior entrega vimos las nociones más básicas sobre el tema del colesterol. En este artículo veremos que, para valorar si el colesterol es o no un riesgo para la salud, no basta ni mucho menos saber si los valores están por encima de los recomendados. El colesterol es un riesgo si produce placas de ateroma pero un exceso de colesterol no es equivalente a tener arteriosclerosis.
Índice de Castelli
Un factor importante a la hora de valorar el riesgo del colesterol son los niveles de Colesterol “bueno” o, más concretamente, la proporción que haya entre HDL-Colesterol “bueno” y el Colesterol total. Es decir, para valorar hasta qué punto hay un problema con el colesterol no habría que mirar simplemente los números de colesterol “malo” sino la relación entre “malo” y “bueno”.
La relación entre Colesterol total y HDL-Colesterol “bueno” se llama índice de Castelli o índice aterogénico y se calcula con esta sencilla fórmula:
Índice de Castelli: Colesterol Total / HDL
En función del resultado de este cálculo se puede valorar el riesgo cardiovascular:
| Valor IC para hombres | Valor IC para mujeres | Riesgo cardiovascular |
|---|---|---|
| Menor de 3′5 |
Menor de 3′4
|
Mitad de riesgo
|
| 3′5 a 5 |
3′4 a 4′5
|
Riesgo normal
|
| 5′1 a 9′6 |
4′5 a 7′1
|
Doble de riesgo
|
| 9′7 a 24 |
7′2 a 11
|
Triple de riesgo
|
Veamos dos ejemplos:
José de 50 años tiene un colesterol total de 270mg (por encima de lo normal) y un colesterol HDL de 80. Si dividimos 270/80 nos da un índice de Castelli de 3,4.
Pedro de 50 años tiene un Colesterol Total de 130 (dentro de lo normal) y un colesterol HDL de 25. Si dividimos 140/25 nos da un índice de Castelli de 5,6.
Si consultamos la tabla, veremos que José, a pesar de tener un exceso de colesterol, tiene la mitad de riesgo cardiovascular de lo normal mientras que Pedro, que en cambio no tiene un exceso de colesterol, tiene el doble de riesgo cardiovascular de lo normal.
Por supuesto, esto es sólo un aspecto y no puede tomarse como una guía infalible para valorar el riesgo, pero sirve como orientación y para desterrar ideas absolutistas acerca de este tema.
Si comprendemos esto, comprenderemos también hasta qué punto es importante mantener los niveles de HDL elevados.
La homocisteína
La homocisteína es un aminoácido (las moléculas que forman las proteínas). En nuestro cuerpo, es normal tener cierta cantidad de homocisteína, ya que es necesaria. No obstante, unos niveles anormalmente elevados de este aminoácido pueden ser muy peligrosos. Hay un trastorno genético, llamado homocistinuria que provoca altos niveles de homocisteína. Un bebé de dos meses aquejado de este trastorno padece también de arteriosclerosis, un endurecimiento de las arterias que se suele asociar a fumadores obesos de más de 50 años. Esto puede dar una idea de hasta qué punto la homocisteína puede influir en la aparición de la arterioesclerosis, más que el simple hecho de tener un exceso de colesterol.
La mala noticia es que no hace falta padecer ese raro trastorno genético para tener exceso de homocisteína. Veréis por qué: La homocisteína no la obtenemos de la dieta sino que nuestro cuerpo la fabrica a partir de otro aminoácido, la metionina. Como no interesa que se acumule, una vez que ha cumplido su misión se deshace de ella. ¿Cómo lo hace? Pues volviéndola a transformar en metionina (para lo cual es necesario Vitamina B12 y ácido fólico) o bien transformándola en cisteína (para lo cual se necesita Vitamina B6) Pero si no hay suficientes vitaminas o si ya hay demasiada Cisteína y Metionina, entonces el organismo no podrá deshacerse de ese exceso de homocisteína. Es entonces cuando tenemos un problema.

Sabiendo esto, podemos deducir un par de cosas acerca cómo evitar el exceso de homocisteína: Debemos asegurar un aporte correcto de Vitaminas del grupo B y evitar un exceso de Metionina y Cisteína. En realidad, es bastante difícil tener una dieta demasiado rica en Cisteína, pero la Metionina ya es harina de otro costal. Las proteínas animales de las carnes, las aves de corral y de los productos lácteos contienen hasta tres veces más metionina que las proteínas de las plantas, por lo que generan mucha más homocisteína.