Alimentos funcionales, no es oro todo lo que reluce
¿Sabéis esos alimentos que se anuncian en la tele como soluciones totales o parciales a problemas de salud? Actimel para potenciar tus defensas, danacol contra el colesterol, activia contra el estreñimiento, puleva contra la osteoporosis, dlora contra la arteriosclerosis o bicentury contra la obesidad, etc…
Estos alimentos, que normalmente han sido enriquecidos o manipulados de otro modo, que se atribuyen propiedades casi medicinales son los llamados alimentos funcionales. Desde hace unos años, llevan de cabeza a las autoridades reguladoras ya que, en principio, un alimento no puede arrogarse efectos beneficiosos sobre las enfermedades. Pero la industria alimentaria ha encontrado en estas estrategias un filón de oro ya que nada capta la atención del consumidor como una promesa de mejorar su salud, especialmente si no le cuesta ningún esfuerzo. Así que entre las diferentes organizaciones están proliferando comités, secciones y comisiones que están redactando estudios, alegaciones, recomendaciones y propuestas sobre cómo dar cabida a estos nuevos alimentos que claman por una regulación especial que los ponga a medio camino entre la comida y las medicinas.
A mí este asunto me mosquea bastante y creo que el consumidor ha de estar en guardia frente a estas estrategias. No es que me parezca mal que los alimentos reclamen un papel más importante en el mantenimiento o recuperación de la salud (todo el blog es prueba de ello), tampoco es que el hecho de manipular un alimento me parezca mal por principio (manipular es una palabra muy genérica que sólo predispone en contra a los fanáticos), pero es que a menudo todos estos alimentos funcionales no son más que marketing.
Todas esa marcas que te dicen por al tele que se preocupan por tu salud están mintiendo. Si a una marca de leche le importase un pimiento tu salud empezaría por no usar vacas que están hasta los topes de medicamentos y hormonas en vez de añadir a esa leche malsana omega 3 de origen dudoso.
Es muy tentador dejar en manos de danacol tu problema con el colesterol, pero desgraciadamente no suelen haber respuestas fáciles, baratas y milagrosas a los problemas que uno lleva años ganándose a pulso con unos hábitos inadecuados. Ese anhelo de una solución sencilla es muy humano y muy poderoso y eso lo saben esas marcas, y lo explotan seguras de que sólo les hace falta eso, un mensaje esperanzador, para convencer al comprador de que aumente sus beneficios.
En el anterior
Cada vez que tomamos antibióticos nos arriesgamos a toparnos con alguna bacteria que encuentre la experiencia muy aleccionadora y descubra la forma de defenderse contra el fármaco. Cuando una bacteria descubre una forma de hacerse más resistente, es capaz de compartir ese descubrimiento, no sólo con sus descendientes (que ya suponen un montón de bacterias) sino también con otras muchas ya sean de su mismo tipo o no mediante el intercambio de material genético (un truco muy ingenioso que también pueden hacer los virus). Estas son las 