Los Organismos Modificados Genéticamente (OGM, popularmente llamados Transgénicos) tienen hoy día muchos detractores. No obstante, una cantidad sorprendente de gente que trata de evitarlos no tiene claro en qué se basa la polémica y el rechazo que generan. Así que para aquellos que quieran comprender el asunto, vamos a hacer un resumen.
Por qué evitar los Transgénicos
Hay muchos motivos para evitar los transgénicos, socioeconómicos, medioambientales y sanitarios. Veámoslos.
Críticas socioeconómicas
Las semillas transgénicas tienen patente y por lo tanto hay empresas que cobran por proporcionarlas. A menudo, además de las semillas, la misma empresa vende los insecticidas y herbicidas para los que las semillas están genéticamente adaptadas, aumentando así sus fuentes de ingresos. La inversión inicial es por tanto cara y a eso se le suma el hecho de que para que el cultivo sea rentable, se necesita una gran superficie de tierra, así que sólo algunos pueden emprenderla. Las pequeñas plantaciones llevadas por varios pequeños o medianos agricultores son sustituidas por latifundios en manos de una sola empresa o empresario.
Muchas economías se han desestabilizado como consecuencia de esta tendencia globalizadora y multinacionalista. Los beneficiarios son los grandes inversores y multinacionales (como Monsanto) y los perjudicados son, como siempre, los pequeños productores.
Críticas medioambientales
Como hemos dicho, las especies transgénicas son resistentes a determinados herbicidas e insecticidas. Al ser inmunes a esos venenos, se propicia el abuso indiscriminado de insecticidas y herbicidas. Pero la flora y la fauna no transgénica colindante a esos cultivos carece de protección, por lo que los ecosistemas se ven amenazados: el suelo y las aguas subterráneas son contaminados y la biodiversidad es puesta en peligro. Pero no se trata sólo de una masacre (animal, vegetal y humana) local, puesto que el agua se mueve a través de ríos, canalizaciones y acuíferos subterráneos, llevando con ella la cárga tóxica de las plantaciones transgénicas.
Por otro lado, sale mucho más a cuenta cultivar una sola especie (monocultivos) lo cual también contribuye a empobrecer la biodiversidad de la flora local y de la fauna que depende de las variedades descartadas como cultivo.
Críticas sanitarias
Los cultivos transgénicos son fuertemente tratados con insecticidas y herbicidas cuyo efecto en la salud no ha sido adecuadamente estudiado por las empresas y empresarios involucrados, aunque las evidencias sobre sus efectos perjudiciales se van amontonando. Por otro lado, cada patente introduce cambios genéticos concretos en las plantas OGM, lo cual abre una infinidad de posibles efectos secundarios. Por ejemplo, una tomatera que genera antibióticos para resistir infecciones bacterianas, puede suponer que los consumidores finales del tomate estén ingiriendo también una dosis de antibióticos y el problema que supone el abuso de antibióticos es de sobras conocido.
Las consecuencias para la salud (tanto en lo referente a las propias alteraciones genéticas, como en lo tocante al uso masivo de insecticidas y herbicidas utilizados en su cultivo) han sido omitidas, tergiversadas y/o menospreciadas, como siempre que hay implicados suculentos beneficios económicos.